Cuántas hojas ya han caído,
cuántas se resignan a caer y por ello se pudren.
Hay que saber morir a tiempo,
descolgarse del arbol con ganas de morir.
Tras haber amado el arbol, las hojas,
el aire que las oxigena, el sol que las calienta,
el agua que las sacia...Tras haberlas amado incondicionalmente,
tras haberse abandonado a ese amor, y tras haberlo abrazado,
vivido, besado, amado y llorado, es tiempo de estrangularlo.
Por amor. Destrucción, aniquilación.
Es tarde. Y no quedan hojas,
el arbol ya está seco, sólo quedo yo,
tendida sobre la rama fina dorada, que está cansada de mí.
Hay que saber morir a tiempo, y hay que saber matar a tiempo.
sábado, 5 de noviembre de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Cristales tintados
Dime qué trozo de luna falta,
Porqué yo la veo entera.
Quizás sea yo, la que idolatra el mundo,
A través de la sensibilidad –y casi sólo la sensibilidad-.
La justiciera inútil de los no-valores,
La romántica ¿existencial?
Precioso...macabro.
Fuera llueve,
Y parece que moleste.
La mujer del pelo corto, con una mecha rubia frontal ladeada que resuelve crucigramas, sudokus o sopas de letras, piensa: “así es la vida”
La joven de enfrente, se ha entretenido mirándose en los cristales de la ventana del tren convertida en espejo, y lo hacía mientras se peinaba estirando su pelo para conseguir hacerse una coleta perfecta. Se mira en el espejo, lo piensa y se saca dos mechas del flequillo con las púas del cepillo para descubrir que así está más guapa. Ya está perfecta. Ahora rebusca en su bolso y saca un papel: “Campaña de comunicación a los trabajadores 2011”. Su cuello luce una virgen maría, una flor y una simple cadena plateada. Suspira, se mira…Lo importante, es no pensar.
Un hombre sentado al alcance de mi vista y de nuestras miradas a través de los espejos de los cristales, intenta jugar, de forma torpe, a la seducción: Me mira de reojo, si intuye que le estoy mirando, cambia la mirada y la dirige hacia el espejo de su ventana, a través del cual puede verme a mí reflejada. Lo compruebo siguiéndole el juego: me mira a través de la ventana. No me gusta él, no me gusta mirarme en él. No resiste, me mira fijamente, cuerpo a cuerpo, se acabaron las ventanas.
Acabamos de parar en Puzol.
Me pregunto por qué la joven de enfrente está tan sumida en la normalidad de su vida.
¿Quién será?
El hombre que está al alcance de mi vista, me vuelve a mirar fijamente. Suelo aguantar la mirada, aunque sea sólo para excitar un “¿qué?”. Pero con él no puedo, me repugna.
¿Quién será?
La joven de enfrente deja de leer por fin el panfleto. Saca una esclava de oro finita para su gran muñeca de dentro de su cartera, se la pone con total facilidad. Yo hubiese estado todo el viaje para conseguir abrochármela sola. Luego saca sus pendientes, también dorados y se los pone. Pero aun no se ha mirado. Por último una pulsera con anillo incorporado y su inicial como nudo: “M”. ¿Se llamará Mireia? Ya está todo. Cierra su cartera y parece que sí, apoya su codo sobre el cristal para mirar cabizbaja ¿Estará pensando?
Empiezo a notar el típico frío veraniego del último vagón del tren.
Ya se baja, Maria, Mireia, Mildre, Melisa…la joven de enfrente. Baja en Sagunto (correspondencia con la línea C5 de Rodalia). Se acabó el alcance visual con el hombre de enfrente. Ahora voy de cara, él también y está detrás.
La puerta del conductor se ha quedado abierta al salir un trabajador de la Renfe de la cabina, el conductor no la cierra…se tambalea. Qué intriga, pero qué violencia. El conductor estará luchando por cerrarla a la vez que mira la vía con las manos al volante. Me levanto, le descubro haciendo peripecias, como yo imaginaba, para lograr cerrar la puerta; la cierro. Es el rincón secreto. Parece el despacho de Batman.
Un grupo de niños se ha incorporado al vagón, gritan, hablan como si ya no fuesen niños.
Dime qué trozo de luna falta,
porque yo la veo entera.
lunes, 4 de abril de 2011
oh, si.
ganas de vivir...todas, cómo ha cambiado el asunto, diría mi conciencia si no supiese cuanto me excita mi piel, ultimamente...
oh, si...
oh, si...
jueves, 6 de enero de 2011
desautomatización
Ví tu ángel oblicuo, un trazo alado,escuché los versos mojados, besé los labios asimétricos...
Sentí la fuerza seca y el estremecimiento ensangrentado.
Bebí del veneno mortal más placentero, y descubrí una mosca olvidada en la trastienda de la calle veinticuatro.
Jinetes al viento, Úrsulas acuchilladas, musas custodiadas y artistas sometidos.
La búsqueda infinita de aquella lejana trascendencia finita.
Mi cuerpo estuvo endiosado, mi lado humano quedó sepultado, muerto, quemado, troceado.
Comenzó el canibalismo y los mordiscos, la ceguera y las caricias. Y luego, tumbada sobre el lecho, casi a solas y en silencio, comenzé a oir una voz y poco a poco fuí desglosando el murmullo semiótico que venía de la habitación de al lado, de la casa vecina y desconocida. Y así fue como escuché la historia secreta contada por el anciano arrugado: "Allí donde el conde mordió a la mujer fatal, nació una niña de oscuro pelo, ojos convexos, mirada perfecta. Sigilosa y traviesa creció y se hizo mujer, y ya sin su madre comenzó la experimentación, la desautomatización, la rebeldía propia de un personaje de alguna novela de algun escritor que jamás supo contarla. Dibujó el beso robado, las botas de un campesino cansado, la locura de una angustia horrorizada por los bombardeos y el hambre de saliba y sangre. Ella, de un cuerpo tan apetitoso como las cerezas lo son en Agosto; ella de una sonrisa dulce y tierna, pero salvaje y mortífera; la misma que sería capaz de morder al conde y a la condesa al mismo tiempo, al cura y a la camarera en la misma cama orgiástica; Dalilia había decidio hacer uso de sus armas, ser la femme fatale de todo aquel que pretendiera besarla o ignorarla. Fue diosa y musa de todos los artistas de su tiempo, pero nunca dejó que nadie la besara, ella tentaba, era capaz de conducir a un hombre o a una lesbiana a los lugares más oscuros y terribles de los sentimientos, pero nunca jamás amó, en ninguna de sus palabras resonaba la palabra amor, más bien todo lo contrario, sabía advertirles a sus víctimas de que con ella acabarían endemoniados, locos, perturbados, con una espina clavada tan hondamente en el corazón que sería capaz de matar o de agonizar sus existencias. No, ella no amó, como tú, no amó ni besó, acarició y abrazó... Y murió desbesada."
Lagartos morados y rostros ensangrentados de lágrimas, mi vida entre cuatro paredes inundada de cuchillos, venas, intestinos y cadáveres. Tétrico, sádico, tenebroso...Mi habitación negra. Mi armario secreto, mis cinco hombres maniatados y de cara a la pared viendo la sombra de mi cuerpo bailando al compas del desnudo, a ritmo de blues...Les tengo atrapados.
lunes, 3 de enero de 2011
Literatura
Nadie ma ha dicho qué es la literatura, los formalistas rusos era de esto de lo que se quejaban también. ¿Qué tiene esta novela para que pueda ser literatura? ¿Qué le falta a este artículo para que sea considerado literario? En qué reside la esencia de la literatura es algo que no quiero saber ahora.
Ahora lo que me planteo es qué hago cuando escribo, qué quiero, o qué busco cuando leo, al fin y al cabo.
Escribir con una intención estética. Crear, sorprender, conducir, ayudar, hacer pensar...pero sobre todo, producir experiencias estéticas. Leer sin parar, y de pronto topar con una frase que te frena...porque transgrede tus esquemas, supera tu lenguaje y te lo dice como lo sientes. Le da nombre a éso que tú no sabes decir.
"Días, noches, semanas, meses y años a tu lado; y de pronto, te siento como un extraño y me veo extraña, también a mí. Tus muecas y tus palabras salen de la automatización y me despiertan de una especie de sonambulismo en la que estaba sumida. De pronto, todo lo veo distinto. Te veo distinto a tí, y me siento yo confusa y aturdida. Tus caricias me sonrojan, no sé cómo besarte ni si quiero pasar esta noche tumbada a tu lado. Tu mirada, afilada como un cuchillo, penetra en mi conciencia. Que toques mi entrepierna sin haberme preparado no me sienta nada bién y no quiero que me preguntes por qué, me ofendes. Intento decírtelo claro, porque no me queda elección, porque estas esperando ahi sentado, con los ojos abiertos, una respuesta que emerja de mis labios, secos, cortados por el frío, labios desbesados. Me enloquecen estos pensamientos, me desangran... Y te lo digo: -te veo como a un extraño-. Tú no lo entiendes, ¿Cómo ibas a hacerlo? Estoy alucinada, dirás tú, estoy drogada. Sin embargo yo, no sé mirarte, verte ni sentirte de otro modo que desde esta extrañeza. Prefiero darme una ducha aunque sé que no lo solucionaré, prefiero convertirme en agua, fundirme conmigo misma, ser toda una y resbalar por la ducha buscando ésos agujerillos por los que puedo escurrirme y escaparme mar a dentro hasta que evapore, me recoja en una nube y llueva desde el cielo caída en su vaso. Y sea bebida por sus labios y quedar paseante en su lengua mezclándome con ella. Obviamente no, no lo solucionaré ahora, ni tampoco antes de que amanezca. Pero tal vez se me pase mañana, tal vez..."
Ahora lo que me planteo es qué hago cuando escribo, qué quiero, o qué busco cuando leo, al fin y al cabo.
Escribir con una intención estética. Crear, sorprender, conducir, ayudar, hacer pensar...pero sobre todo, producir experiencias estéticas. Leer sin parar, y de pronto topar con una frase que te frena...porque transgrede tus esquemas, supera tu lenguaje y te lo dice como lo sientes. Le da nombre a éso que tú no sabes decir.
"Días, noches, semanas, meses y años a tu lado; y de pronto, te siento como un extraño y me veo extraña, también a mí. Tus muecas y tus palabras salen de la automatización y me despiertan de una especie de sonambulismo en la que estaba sumida. De pronto, todo lo veo distinto. Te veo distinto a tí, y me siento yo confusa y aturdida. Tus caricias me sonrojan, no sé cómo besarte ni si quiero pasar esta noche tumbada a tu lado. Tu mirada, afilada como un cuchillo, penetra en mi conciencia. Que toques mi entrepierna sin haberme preparado no me sienta nada bién y no quiero que me preguntes por qué, me ofendes. Intento decírtelo claro, porque no me queda elección, porque estas esperando ahi sentado, con los ojos abiertos, una respuesta que emerja de mis labios, secos, cortados por el frío, labios desbesados. Me enloquecen estos pensamientos, me desangran... Y te lo digo: -te veo como a un extraño-. Tú no lo entiendes, ¿Cómo ibas a hacerlo? Estoy alucinada, dirás tú, estoy drogada. Sin embargo yo, no sé mirarte, verte ni sentirte de otro modo que desde esta extrañeza. Prefiero darme una ducha aunque sé que no lo solucionaré, prefiero convertirme en agua, fundirme conmigo misma, ser toda una y resbalar por la ducha buscando ésos agujerillos por los que puedo escurrirme y escaparme mar a dentro hasta que evapore, me recoja en una nube y llueva desde el cielo caída en su vaso. Y sea bebida por sus labios y quedar paseante en su lengua mezclándome con ella. Obviamente no, no lo solucionaré ahora, ni tampoco antes de que amanezca. Pero tal vez se me pase mañana, tal vez..."
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